1982

1330556628812-malvimas.jpgFui con mis viejos a la estación de Pico. Habian dado toda la tarde en LU37 que pasarían los soldados para el sur en un tren. Las vecinas llevaban bufandas tejidas a rayas y morley grises y  cartas con muestras de  admiración y coraje para los nuevos héroes.

Nosotros no llevamos nada.

Esperamos mas de una hora en la estacion. Eramos cientos. La gente estaba eufórica, distinta . Tenían en la mano camperas anorak de  abrigo, pulovers, tabletas de chocolotate águila, las de papel rosa.

El tren apareció despacio, pitando. Los empleados de la estación estaban solemnes, ni nos miraban a los de Pico. Ellos estaba haciendo algo distinto, único; se habían puesto el uniforme de ferroviario planchado y las gorras y caminaban con  ritmo patriótico.

Por la ventanilla entraron asomando  aymaras, wichis y  tobas con uniformes verdes. En los escalones  iban milicos serios con fusiles. Cuando paró el tren , las chicas  supieron que hacer por haber  visto peliculas de guerra en el cine Centenario . Se pararon en puntas de pie en las ventanillas para entregarles los regalos a los soldados. Ellos se ponían las bufandas alrededor del cuello o las revoleaban como cuando se gana un partido de futbol y besaban a las chicas.

A mi me dio por llorar, me puse mal, no por las grandes causas sino porque me di cuenta que esos chicos tenían mi edad  y ahora seguro los llamarían a Horacio y a mis compañeros que eran de la  clase 61, los próximos. Parecía  que primero estaban yendo  los del norte y los de 20años , pero después necesitarían más soldados , empezarian a llamar a los del 61, 60, 59 y Horacio había pedido prorroga pero se la iban a cortar en cualquier momento.

Me quedé en silencio en el medio del griterío. Ahí en ese fuego de hermandad ajena se me ocurrió llamar a Horacio cuando salieramos de la estacion,  seguro estaría en contra de esta guerra y si yo lo animaba nos podríamos ir a Uruguay , el como desertor, yo como acompañante. Trabajariamos un tiempo en Montevideo y con la plata que ahorrariamos nos iriamos a la misma mierda, salirnos de este campo de batalla. Odiabamos a Galtieri. Yo estaba en cuarto año de Psicología donde intentaban transmitirnos el dificil arte de rotular, a la manera de  máquina devoradora de las diferencias, nos metían categorias en la cabeza: esta es normal, aquel anormal,  no se analizaban los avatares del deseo humano ni los escenarios sociales. Tenia que aprender a medir la exageracion y la diversidad peligrosa.

Mi familia lo iba a entender, porque no queria la guerra. En el tren a la trochita nos habiamos hecho pacifistas.  Habia que rajarse.

El locutor de LU37 se pavoneaba por el anden con sufuciencia por haber armado la convocatoria. Tenia experiencia en alentar la alegria civico-miltar como lo había demostrado con el estreno de la pelicula de Renan del Mundial , la invitacion al pueblo a la estacion cuando pasaron los mismos wichis movilizados para el Beagle cuantro años antes. Despues le escucharíamos los relatos trinfalistas de la guerra.

Horacio era actor, seguro afuera de este cuartel general iba a encontrar que hacer. Podriamos viajar por la Provence entre los campos de lavanda, hacer un curso en La sorbonne, comer queso en la rue Mouffetard, leer, escribir y bailar en la calle.

Sonó la campana, y todos sacaron pañuelos de tela, (no había carilinas en esa época)

Los chicos wichis estaban felices porque nunca nadie los habia reconocido ni saludado y mucho menos chicas rubias.

 Elegí al azar uno y me despedí de él , lo saludé con mi mejor lágrima y pensé que no lo vería más.

Sonó otra vez la campana , esa campana de las estaciones que traen el fantasma de la muerte en cada partida. quedaron los pañuelos flotando y un grito del fondo de un paisano Vamos Carajo!

 

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Comentarios

Muy bueno Laura, yo tambièn tengo imborrables recuerdos de ese momento.-

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Yo tambièn fuì testigo de ese instante històrico, en otra estaciòn de llanura, en la de Villa Mercedes, una ciudad bastante militarizada por aquel entonces, es la sede de la V Brigada Aèrea, asistì a despedir a compañeros de la Facultad, que por enèsima vez era convocados a "defender la patria", y asì fuimos entre puteadas por la puta guerra y muestras de curiosidad ante tamaña movilizaciòn, para ver la tètrica caravana montada en un maltrecho tren, conteniendo destartalados vehìculos incautados a algùn desprevenido camionero mendocino o sanjuanino, armas obsoletas de la primera y segunda guerra mundial, suboficiales pedantes, de bigote obligatorio,  que a los gritos para hacerse notar impartìan òrdenes al aire, ante la mirada atònita de rostros aniñados de la tropa y asì transcurrieron esos bèlicos instantes de despedida, làgrimas, abrazos, apretones de mano, envoltorios de papel madera, conteniendo no se què, alcanzados por una ventanilla, muchas promesas de fidelidad, muchas exclamaciones de "hijo o amigo cuidate!!!!", muchas làgrimas y el rechinar de un tren que se quejaba de iniciar la marcha hacia un destino no de Gloria y Grandeza, sino de las màs miserables y estùpidas decisiones humanas "La Guerra".-

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sos impresionante...!

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espectacular!!!!!!!!me encanto laura

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gracias, que bueno que lo leiste

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Laura,muy conmovedor tu relato, yo como la mayoría de los chicos de la década del 60´nos criamos jugando a la guerra, eramos los muchachitos buenos como en la serie "Combate"  que matábamos alemanes por doquier y a lo sumo recibíamos algún "rasguño en el brazo", coleccionabamos soldaditos de plastico verde que comprabamos en Casa Espada y eran tardes enteras salvando al mundo de los "cerdos nazis".

evidentemente perdimos la guerra, porque años despues por la estación de Pico, pasaron los nazis jugando a la guerra con los soldaditos.-

P:D: yo también estuve ese día en la estación junto a mi novia (ahora mi esposa) callado la boca con esa sensación extraña de sentirme "antipatriota"

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