Comida japonesa

                                             

 

El frío había vaciado la ciudad. Tomé  una calle  al azar para volver a  casa.  Me detuve en una vidriera. La luz era muy blanca,  la ropa estaba muy apartada entre sí y sin precio.  Me llamó la atención una  camisa en el centro, muy larga.

Seguí mi caminar lento y perdido. Me puse a leer un cartel, enmarcado en  un rectángulo irregular que anunciaba el restaurante Sashimi. Los cristales estaban empañados  con un poco de vapor y podía verse el interior, aunque de manera difusa. Sentí una extraña necesidad de entrar.

Abrí la puerta, un mozo me ubicó en  una mesa contra una pared de formas geométricas.

 

Mientras me traía la carta miré el gran salón con  esquemas de color en tonos frescos, suaves, contrastados con detalles mínimos en colores primarios. Noté que la  superficie era muy lisa con una  producción en serie del mobiliario.
 Las líneas eran  ante todo  bajas y horizontales. Todas las formas eran rectangulares o cuadradas: nada redondo ni ovalado. El único elemento alto y vertical  era un biombo.

En ese espacio  limpio, había dispuestas algunas  mesas contra mamparas  con parejas de hombres y algunos matrimonios o novios. Todo era sobrio y desnudo.

En una de las mesas había una señora de rodete platinado; su cuello lucía impecable. Tenía un vestido negro sin mangas que me recordaba a los que usaba Jackie Kennedy . Un hombre de unos cincuenta años, sentado frente a ella la miraba con fascinación. Parecía un italiano,  si me dejaba llevar por el traje.

La carta  proponía varios menús degustación. Tomé uno de nombre irreproducible en japonés con seis langostinos frescos pelados , 2 cebolletas,  brotes de soja, champiñones  y una salsa agridulce.

Ella estaba muy elegantemente sentada, más bien erecta. Yo ahora no veía  la cara del italiano, solo sus manos con un anillo de plata. La nuca de vez en cuando se dirigía hacia atrás para acompañar la risa que le producía la conversación.

 En un momento su mano se arregló el rodete .

Comí despacio, con un té verde delicioso y desde  mi inmejorable ángulo veía esa toma armónica  de dos personas que apenas se conocen y sienten atracción.

Ella se levantó para ir la baño, me miró con una mueca congelada. Le respondí con un saludo. Casi no la había reconocido.

- Como estas hijo de puta-me dijo .

-Esta confundido señora- le respondí con frialdad, tratando de ponerla en ridículo.

-Yo estaba bien hasta que apareciste.

- Creo que  me confunde con otra persona

-No voy a hacer escándalos pero puedo decirte que te falta la falange derecha -dijo, señalándome la mano. He soñado todos estos años con matarte, destrozarte,

-Cálmese,  señora.

 -Ahora estoy muy bien-me dijo apretando los dientes-La vida se ha hecho lenta y bella . Llegará el momento que revientes como un sapo-  dijo contenida. Se alejó hacia al baño

Aproveché para pagar y salir del restaurante.

Prendí un cigarrillo, dibujé una esfera azul en el aire. Caminé hasta llegar finalmente  a casa .

 

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